domingo, 6 de febrero de 2011

Inexplicable dilación

El tapizado de terciopelo, color borgoña y con tachuelas doradas, sostenía mi cuerpo desfallecido y cansado. Las manos que mantenían mis piernas encogidas, y estas mismas, presentaban una aceitunada piel pálida, que acariciaba dulcemente el albornoz de seda cual vestía a mi figura. Mientras, mi inexpresivo ceño fruncido se enlazaba con una sonrisa apaciblemente farsante...
Las ondas de mi cabello se desdibujaban en zonas por las cuales se intuían marcas de acciones pasadas, como la de unos dedos desesperados arrastrados por la pasión que habían despeinado cada mechón.
 El puro que yacía sobre el cenicero de la mesita de madera de roble, contigua al sillón en el que me encontraba, se consumía lento, evocando sutilmente su muerte, desprendiendo un melancólico humo gris. Yo lo observaba, ¿por que no opondría resistencia al destino impreso en su ser? ¿Por que se mostraba tan sumiso a la llama que lo consumía?
Un rallo de sol crepuscular adormecía mi serena mirada, mientras, una gota de rocío caía sobre mi tez.

Suelen deshacerse lágrimas en mis ojos. El capricho de la incertidumbre copiosa de mi vida y su eterno existir, fluyendo a través de un expedito camino verde... me embelesan y consumen.

¿Cúando piensas perder la esperanza? El estado de standby en el que vives perdurará hasta que asumas que no hay más salida que aceptar la ínfima parte de lo que deseas.
Vive simplemente el presente y no desees en exceso, de ese modo descartarás las posibles desilusiones y vivirás sorprendentes sensaciones espontáneas y sinceras.



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